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GUANTERA 

Soy el Aceite del Motor de un Volkswagen

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Nosotros los aceites somos fundamentalmente lubricantes, es decir que nuestra presencia evita que el insistente roce entre metales desgaste las piezas de su vehículo, reduciendo la fricción y disminuyendo la resistencia. Pero hacemos mucho más que eso.

Permítanos presentarnos: Yo soy el aceite de motor y aquí a mi lado está mi primo hermano, el aceite de transmisión. Tenemos otros parientes cercanos, muy cercanos de hecho, aquí mismo dentro de su automóvil. Entre ellos está el líquido de frenos, que no es propiamente lubricante, aunque también lubrica, y está otro también, el aceite de la dirección hidráulica, que como su segundo apellido lo indica, sirve de agente hidráulico para transmitir y multiplicar presión. Ambos, el de los frenos y el de la dirección, cumplen funciones parecidas, que consisten en transmitir multiplicada a las ruedas la presión que usted, amigo conductor ejerce, al pedal del freno o al timón.

Déjeme contarle un poco de lo que soy y lo que hago. Nosotros, los aceites de motor y de transmisión podemos ser naturales o sintéticos. Los naturales somos derivados directos del petróleo, del llamado oro negro del que tanto se habla. La refinación del petróleo crudo que se encuentra en el subsuelo, arroja cientos de productos, que van desde los más volátiles disolventes, como la bencina, hasta compuestos mucho más sólidos como el asfalto o la brea, pasando por combustibles de alta inflamabilidad como la gasolina y el kerosene, por menos inflamables como el aceite diesel, sin dejar de considerar la enorme gama de lubricantes de la que hacemos parte. Los aceites sintéticos, en cambio, son producidos en laboratorio.

Nuestra característica más importante es la viscosidad, que no es otra cosa que el criterio con que se mide nuestra fluidez o, en otras palabras, la propiedad que tenemos para desarrollar y mantener una cierta cantidad de resistencia frente a las paredes de los conductos por donde nos transportamos. Los aceites más gruesos tienen generalmente un nivel de viscosidad más alto que el que presentan los aceites más ligeros. Un aceite de baja viscosidad puede perder su propiedad lubricante a altas temperaturas, mientras que un aceite de alta viscosidad puede presentar dificultades cuando tenga que lubricar ciertas partes del motor a bajas temperaturas, y la película que forma entre las distintas piezas de metal podría desintegrarse cuando el motor se desempeñe a altas revoluciones por minuto.

La graduación del aceite es muy importante y se mide en unidades SAE, unos números asignados arbitrariamente por la Sociedad de Ingenieros Automotrices. Esas cifras corresponden a la viscosidad ¿real¿, tal como se mide de acuerdo con varias técnicas ampliamente aceptadas y a temperaturas específicas. La letra ¿W¿ al lado de la graduación significa que el aceite en cuestión cumple con las especificaciones establecidas de viscosidad a 0 grados Fahrenheit y en consecuencia puede usarse durante el invierno.

Nadie conoce el motor de su automóvil mejor que el fabricante y por eso, en cada Manual del Propietario aparece el tipo de aceite que mejor lo lubrica. Siga esas instrucciones y verifique que a la hora del cambio le pongan en su motor un aceite de buena calidad, con la graduación adecuada. Revíselo frecuentemente para verificar que el nivel sea el apropiado, y aproveche: pongase un par de gotitas entre los dedos y trate de sentirle la viscosidad. Mientras más resistencia imponga al roce de los dedos, más viscosidad tendrá.

El color también es importante. Si el aceite luce negro, quemado, talvez ya la viscosidad haya desaparecido. Un aceite limpio es fundamental, por eso, no olvide cambiar el filtro siempre que cambie el aceite. Con un filtro sucio el aceite limpio no va a durarle nada.

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