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HISTORIAS DE AUTOS 

Chrysler Airflow 1934

¿Un auto no puede estar 10 años adelante de su tiempo¿, dijo sabiamente Lee Iacocca. Eso fue lo que le pasó al Chrysler Airflow de los años 30.

Uno de los autos más fascinantes fabricados jamás fue sin embargo un desastre comercial comparable al fiasco del Ford Edsel. Diseñado por el genial Carl Breer, el Airflow nació del otrora en boga concepto de streamlining, que pretendía coches aerodinámicos y por tanto más veloces y eficientes.

Breer consultó al pionero de la aviación Orville Wrigth que le recomendó construir un túnel de viento para pruebas... y descubrió que la mayoría de los autos de la época eran más aerodinámicos ¡en marcha atrás! El fruto de la revelación fue el perfil de lágrima del Airflow.

Avanzado tecnológicamente, el Airflow tenía un motor de 299 pulgadas cúbicas, de 8 cilindros en línea y 130 caballos, acoplado a la transmisión semiautomática Overdrive, y su mullida suspensión le permitía desplazarse como la seda. Ícono de modernidad, arrancaba oprimiendo un botón, el asiento ofrecía 6 posiciones, y contaba con tacómetro y velocímetro concéntricos.

Duro como una caja fuerte, el Airflow toleró una prueba de caída desde 100 pies con la entereza de una cuchara que se cae de la mesa. Pero lo trascendental del Airflow era su estilo. Su forma era indiscutiblemente aerodinámica; parecía esculpido por una corriente de aire, que eso es lo que significa su nombre. Su parrilla frontal en ¿catarata¿, su baúl de escurridera, el arquitectural interior a lo Bauhaus y sus molduras de aliento Art Deco, hacían del Airflow una de las creaciones más exquisitas de la historia del automóvil.

Pero ¡ay!, el público no estaba listo para un auto tan futurista. Sólo 11 mil Airflows se vendieron el primer año. Para 1935 la parrilla fue sustituida y aún así las ventas cayeron a 7,751. Rediseñado en el 36 bajó de 6,275 unidades a 4,600 vendidas. En 1937 el Airflow fue reemplazado por el más convencional Chrysler Airstream.

Un auto maravilloso pero incomprendido, el Chrysler Airflow no mereció tal destino. Su único pecado fue estar adelante de su tiempo.

Pepe Forte para Sobre Ruedas

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