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Atrás quedó el tiempo en que los fanáticos de las motocicletas Harley-Davidson proyectaban un cierto aire de pandilleros, algo alejados de la ley y del orden, con su apariencia barbuda y sus ropas de cuero. Con el paso del tiempo dejaron su lugar a más exitosos profesionales, prósperos empresarios y hasta mujeres.
Galería de fotos Harley Davidson Impresiona el hecho de que, por ejemplo, mientras en 1985 solo 600 mujeres aparecían registradas como propietarias de una motocicleta Harley-Davidson, este año esa cifra debe superar las 34 mil. No debe ser coincidencia que la presidenta de la compañía, Sarah Levinson sea una dama, ni que cinco vicepresidentas también lo sean, ni mucho menos que 37 mujeres de negocios sean las propietarias de igual número de concesionarias Harley-Davidson en 24 estados de la unión americana.

Tal vez la razón que explica todo esto es que desde hace tiempo, la compañía estableció con claridad que más que fabricar y vender motocicletas, lo que realmente hace es promover un estilo de vida. O vender un tiquete a la diversión, porque si bien una motocicleta Harley-Davidson sirve para transportar una o dos personas de un lado a otro, lo que mejor hace es constituirse en un vínculo de unión entre su propietario y miles de personas más con quienes comparten algo en común, esa pasión que, desde hace más de un siglo, acompaña al placer de salir por ahí montado en una Harley . Visitamos un concesionario Harley-Davidson, al norte de Miami, en la ruta 441 a la altura de la calle 194, para convencernos de cómo la fiebre de estas Harleys es una realidad ineludible. Cientos de personas visitan la tienda, que es una mezcla de sala de exhibición de motos con tienda de repuestos y boutique de ropa y accesorios.
Se trata de personas que ya compraron una motocicleta y adquirieron el hábito de ir semanalmente a actualizar su atuendo o a personalizar su vehículo. Otros apenas acaban de darse cuenta que una Harley-Davidson puede estar a su alcance. Y es que, en torno de esto, hay una serie de percepciones equivocadas, como creer que existen largas listas de espera para adquirirlas o que los precios son exageradamente elevados.No hay tal, los precios de las motos Harley-Davidson comienzan en los $6,995, que es lo que cuesta una 883 Sportster, que además está disponible para entrega inmediata.
Otro hecho que la gente no conoce, es que la financiación de una motocicleta puede ser más simple y hasta más barata que la de un automóvil. A través de su brazo financiero, Harley-Davidson facilita la compra de sus motocicletas con cero dólares de entrada e intereses de 3.9%, y además acepta que se incluya en el precio del vehículo una suma de hasta mil dólares para la compra de implementos y accesorios. En el caso de la Florida, el seguro para una motocicleta puede ser hasta más económico que el de un carro y Harley-Davidson también lo ofrece.
Y como si todo esto fuera poco, los concesionarios, incluyendo el que visitamos al norte de Miami, ofrecen un programa que se conoce como Rider¿s Edge, que tiene como objeto enseñar a quienes no saben, el arte de conducir una motocicleta con la más absoluta seguridad. El programa, que dura 5 días y cuesta $350 dólares, incluye clases teóricas y sesiones de instrucción práctica con profesionales que no solamente saben conducir motocicletas sino que además son expertos en transmitir esos conocimientos.
La mayoría de los fabricantes japoneses de motocicletas tiene en su portafolio de productos algunos modelos muy similares a los de Harley-Davidson y sus precios son significativamente más baratos. Lo que la gente de Harley ha descubierto es que muchas personas, influenciadas por la conveniencia de esos precios, se deciden inicialmente por una moto japonesa, pero con el paso del tiempo, a medida que se integran mejor a este nuevo mundo, acaban comprando una Harley-Davidson. La causa puede ser el hecho de que estas últimas no se deprecian con la misma velocidad que lo hacen sus similares japonesas, que pueden perder rápidamente hasta el 30% de su valor. Las Harley-Davidson, en cambio, se mantienen en su precio por dos y hasta tres años, razón por la cual las motos usadas se venden en los mismos concesionarios a precios muy cercanos a los de los modelos nuevos.
Tal vez sea por todo esto que más y más personas están descubriendo la emoción de las motocicletas. Muchos comenzaron dejándose atraer por la curiosidad, se inscribieron en el curso para aprender a conducirlas, compraron su tiquete a la diversión y hoy son asiduos invitados a las barbacoas que los sábados ofrecen los concesionarios Harley-Davidson. Quién sabe si no es eso lo que nos hace falta para resolver la tal crisis de la mediana edad.
Terra/J.F.
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