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El Z4 está construido sobre el chasis de la nueva serie 3, aunque, naturalmente adaptado a las condiciones y prestaciones de un roadster. El origen marca perfectamente las condiciones dinámicas. El comportamiento está en los parámetros de la casa muniquesa, es decir perfectamente adaptado para ejercitar con total garantía las exigencias de una conducción deportiva y, aunque en algún momento se perciba una mínima pérdida de tracción los elementos de control electrónico del coche actúan puntualmente para corregir la trayectoria.
El equipamiento de serie en materia de control dinámico en este coche está a la última en todos sus componentes. Se cuenta con un sistema de control de estabilidad (DSC), componente que da pié a la opción de un nuevo sistema de control de la tracción (DTC) que al permitir una mayor capacidad de resbalado de las ruedas traseras puede llegar a actuar como un bloqueo de diferencial.
Las formas del coche provocan la tentación de una circulación deportiva con capacidad para forzar al máximo con plenas garantías de nobleza en el grado de respuesta, pero hay otra faceta en el coche que agranda aún más su indiscutible estética y que llama a una circulación más reposada.
Es la posibilidad de descapotarlo por medio de una maniobra totalmente automática que no lleva más de diez segundos. Conducir a cielo abierto es uno de los placeres añadidos del Z4, aunque los registros de velocidad es obligatorio rebajarlos considerablemente para que las naturales turbulencias no hagan imposible la vida a bordo. En esta apartado la estanqueidad del compartimiento podría haber sido mejor trabajada.
La mecánica corresponde a un motor de seis cilindros con 3.0 litros de capacidad y una potencia de 231 CV que convierte a esta versión en la más alta de la gama. Un motor con todo el sabor de los seis cilindros y un sonido en altos regímenes muy peculiar en los registros del más puro estilo rácing. Una musicalidad ésta que se potencia con el accionamiento del programa sport que activa con mayor prontitud los registros de potencia con subidas más radicales de vueltas. Un apoyo a esta forma de conducir es el cambio en la modalidad de la dirección que se vuelve más directa, de lo que ya es de por sí, para subrayar los condicionantes deportivos.
En la aplicación del programa estándar, este motor sube de vueltas con constancia, pero sin el radicalismo de la opción sport. La capacidad de aceleración mantiene una entonación muy regular, de forma que en cualquier desarrollo la capacidad de respuesta se conjuga a la perfección con un muy buen escalonamiento de la caja de cambios.
Aunque se percibe en este coche un especial mimo en los condicionantes aerodinámicos, el consumo es alto. En prueba rozó los 14 litros de promedio. La otra vertiente económica, la del precio de venta, pues ya se sabe, el eterno recurso a la exclusividad para justificar que este coche no está para todo el mundo. De todos modos, en una comparación con su competencia más directa sale muy bien parado.
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