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Puro temperamento latino, esculpido por la marca como muy pocos fabricantes saben hacerlo en el mundo
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La conducción de un Alfa Romeo raramente produce decepción y máxime cuando lo es de uno de sus coches más deportivos, este 147 GTA, cuyas siglas, históricamente, son expresión del más puro temperamento latino, esculpido por la marca como muy pocos fabricantes saben hacerlo en el mundo.
El 147 GTA, con una de las carrocerías más originales y atractivas del mercado, muestra su evidencia GTA en los aletines ensanchados para recoger sus vías de cota mayor y sus generosos neumáticos embutidos en unas espectaculares llantas de dibujo muy característico de la marca.
El ensanchado de aletines termina en dos generosas defensas que realzan aún más la naturaleza deportiva del 147, en cuyo interior las diferencias con una versión normal están en unos asientos delanteros que mejoran aún más la ya excelente posición de conducción de este modelo, en unos relojes algo distintos y en una palanca de cambios diferente.
La cuna sujeta un propulsor V6 desarrollado sobre la base del utilizado en los antiguos 155 que ocupa todo el hueco bajo el capó delantero y que añade un extraordinario peso al eje delantero, cuyos efectos han sido bien controlados por los ingenieros de la marca.
Por cierto, que en la categoría, éste y el Golf son los únicos que basan el concepto en los seis cilindros, porque el resto lo hace en arquitectura de cuatro cilindros.
El V6 de Alfa, al margen de sus cualidades dinámicas, está bien afinado. En baja, los sonidos son graves, para ir subiendo de tono hasta los característicos agudos de la marca, muy notorios para quienes están cerca del coche.
El hecho de que Alfa haya optado por este tipo de motor hace que este 147 se mueva muy cómodamente en la parte baja de su régimen, cuestión muy a tener en cuenta si el propietario piensa en una utilización diaria del coche. Los de cuatro cilindros son claramente más torpes en estos regímenes de giro.
El manejo del motor del hace a través de una caja de seis velocidades que reparte y dosifica muy bien la energía de la planta, que estira y sube con mucha rapidez, tanto que es frecuente llegar, en conducción rápida, al rateo del corte de inyección.
La contundente entrega de potencia invita a la conducción deportiva. En esta circunstancia, el coche exige del conductor un mayor nivel de manejo, a pesar de disponer de un sistema de control de la estabilidad no desconectable. El control de tracción sí lo es.
La suspensiones son inevitablemente duras para hacer posible, y con garantías, la transferencia al suelo de esos 250 caballos, pero ofrecen cierto grado de confort en conducción normal, siempre que el firme tenga una calidad aceptable.
El conjunto chasis-suspensiones es de una eficacia asombrosa, que ha sido aderezado con una dirección de muy poco más de vuelta y media entre topes, muy directa, que exige mucha concentración y, al contrario, muchas facilidades, en el momento de tener que echar mano del contravolante.
El ritmo de rodadura con el 147 GTA es endiablado y obliga a un uso rápido de la precisa caja de seis velocidades. Nos recuerda al "hermano" de la marca, el 156 GTA, aunque nos parece más ratonero y algo más nervioso.
Es una delicia cómo el compacto hace del apoyo del tren trasero y cómo se coloca en cada centímetro recorrido, transmitiendo, al final, una agradable sensación de seguridad cuando tratamos de buscar los límites al coche.
EFE