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Rolls-Royce, dos palabras que se convirtieran en sinónimo de otras tres: innovación, integridad y confiabilidad
Rolls-Royce vs. Maybach

En 1931 surgió una atractiva oportunidad con la liquidación de Bentley Motors. La compra de los activos de la compañía le permitió a Rolls Royce incursionar en el segmento del mercado interesado en autos más deportivos, al tiempo que impidió que los recursos tecnológicos de Bentley cayeran en manos de la competencia.
De todas maneras, con la segunda guerra mundial la producción de automóviles prácticamente se detuvo y las plantas de producción se dedicaron en su totalidad a la fabricación de motores para aviones. El motor Merlín era la estrella por esos días y se requerían tantos que el Ministerio de Defensa británico ordeno la implementación de varias plantas satélites de fabricación, conservando la de Derby como planta principal. Se monta entonces la fábrica de Crewe, que después de 1946, una vez concluida la guerra, se convierte en el centro de producción de automóviles.
Mientras tanto, en el área de los aviones, Rolls-Royce compraba a Bristol Siddeley en 1966, para convertirse en un gigante de la industria aeronáutica, hasta que errores financieros cometidos a comienzos de 1970, en el proyecto para el desarrollo de la turbina que impulsaría al nuevo jet de Lockheed, el Tristar, obligaron al Reino Unido a implementar un programa para evitar que semejante insignia del poderío británico desapareciera en medio de las tinieblas de una quiebra inminente. Entre los remedios figuraba el desmembramiento de la entidad en dos, una que seguiría fabricando automóviles y la otra motores para aviones.
En 1993 la división de automóviles salió a flote como una compañía independiente y en 1980 la adquirió la firma Vickers, que fabricó Rolls-Royces y Bentleys hasta 1988, año en que se subastó y fue adquirida por el mejor postor, Volkswagen. Aunque parecía paradójico, la marca que nació de la necesidad de hacer carros para el pueblo, terminaba haciéndose cargo de la marca Bentley y de la planta de Crewe, y le vendía la marca Rolls-Royce a otra empresa alemana, el Grupo BMW, que a su vez se empleó en la construcción de una nueva planta en Goodwood, donde se produce el Phantom desde enero del 2003.
La celebración del centenario de Rolls-Royce comprende una serie de eventos, que comenzaron con el lanzamiento en el Salón de Ginebra del EX-100, el primer modelo experimental que se produce desde la adquisición por parte de BMW, y de la versión Centenario del Phantom, de la que se fabricarán tan solo 35 unidades, que serán el colmo absoluto en materia de lujo y exclusividad.
El 4 de mayo, día en que se conmemoraron los cien años de la primera reunión entre Charles y Henry, una grandiosa celebración tuvo lugar en el Hotel Midland, de Manchester, el mismo lugar donde nació esta leyenda viva, tanto del automovilismo como de la aviación, que logró hacer que dos palabras Rolls y Royce se convirtieran en sinónimo de otras tres: innovación, integridad y confiabilidad.
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