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MG, una mítica marca que ha pasado las de Caín, renace a partir de la gama de modelos Rover
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Los fabricantes encuentran en ocasiones fórmulas comerciales que funcionan como la utilizada por MG, renacida a partir de la gama de modelos Rover, una marca que ha pasado las de Caín y que se mantiene gracias, en parte, a la vitaminación deportiva que le ha dado el mítico sello de automóviles deportivos.
La fórmula, en este caso, consiste en dar a los Rover el maquillaje estético y mecánico necesario para convertir la elegancia de sus berlinas en turismos deportivos en aspecto y prestaciones, con los que el fabricante accede a un nuevo tipo de comprador.
En el caso que nos ocupa, la transformación ha sido hecha sobre un concepto poco dado a la deportividad, porque se trata de carrocería familiar del Rover 75, que bajo la firma MG recibe la denominación ZT-T.
Bajo el estigma MG, el familiar matiza las redondeces y el clasicismo de sus formas originales, compensadas con más tensión de líneas en algunas zonas de la carrocería, especialmente en los faldones delantero, éste de grandes proporciones, y el trasero, que da más terminación a la caída de toda la zona. Las líneas son más limpias.
En la parte delantera, la parrilla es característica de MG y hay nota distintiva con los nuevos faros de gas xenón, de serie en esta versión. EL perfil está dominado por el diseño y tamaño de las llantas, de 17 pulgadas y el perfil de los neumáticos, que terminan de dar el agresivo aspecto de un deportivo de nivel.
En el habitáculo también hay rasgos distintivos sobre el Rover 75, aunque mantiene el diseño básico, a base de curvas suaves y formas ovaladas, las de la relojería, sobre todo, aunque el aspecto y tacto de los materiales es claramente distinto,
Las maderas y cromados dan paso a materiales que tratan de dar sensación de textura de aluminio y titanio, es decir, con predominio de la escala de tonos grises. Los asientos también cambian, dando paso a moldeados que sujetan mejor el cuerpo y mejoran la posición de conducción.
En esta versión se cuenta con una caja de carga que no es de generoso volumen, si es comparada con sus competidores, pero suficiente y de fácil acceso por la situación del plano de carga porque la luneta del portón puede abrirse separadamente.
Todo está dispuesto sobre un chasis de origen BMW -el Rover /5 fue desarrollado cuando la marca era propiedad del fabricante bávaro- que ha sido adaptado a una configuración de tracción delantera, sobre el que ha sido asentado un esquema de suspensiones más bajo y endurecido respecto a la berlina convencional.
El motor es un viejo conocido del mundo diesel. Es probablemente el mejor de su categoría. Se trata del eficiente 2.0 litros de BMW que, acotado a la potencia de 131 caballos, porque en la marca bávara llega a los 150 y 163 caballos, según la versión.
El refinamiento es el principal atributo de esta planta, que suena y vibra poco, y se muestra progresivo y potente, capaz de mover con mucha agilidad la más de tonelada y media de este familiar.
En primera hay que ser paciente los primeros segundos, hasta que sube por encima de las mil vueltas de giro. Cerca de las dos mil, el motor empieza a tirar con mucha energía. La sensación es muy agradable teniendo en cuenta, además, su baja sonoridad en estos regímenes de trabajo.
Con este motor se echa en falta una caja de velocidades con una sexta relación que desahogaría en los ritmos de crucero y escalonaría mejor las relaciones de cambio para un mejor aprovechamiento del potencial.
Terra / EFE - F. Marqués
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